Fortaleza Casa-Torre de San Martín de Améscoa

Fortaleza Casa-Torre de San Martín de Améscoa

Una casa-torre señorial medieval y cabo de armería del siglo XV que protegió el valle de Améscoa.
Cuándo visitar: El enclave puede visitarse exteriormente durante todo el año. La primavera y el otoño ofrecen una experiencia especialmente agradable por la serenidad del entorno y la lectura clara del paisaje histórico. En verano, la visita se integra fácilmente en rutas por Urbasa-Andía. La Casa-Torre de San Martín de Améscoa, también conocida como Torre-Palacio de los Baquedano, es una de las construcciones defensivas más representativas del valle de Améscoa y un testimonio excepcional del sistema fronterizo del Reino de Navarra durante la Baja Edad Media. Relacionada con el linaje de los Baquedano, esta fortaleza fue construida con fines defensivos a principios del siglo XV. Levantada en piedra sillar, la fortaleza cumplía una doble función: residencia señorial y elemento defensivo al servicio no solo de la población local, sino de todo el valle amescoano. Su ubicación, junto a la iglesia parroquial de San Martín de Tours, no es casual. La proximidad entre ambos edificios, así como la presencia de saeteras en el campanario de la iglesia, sugiere que pudieron formar un conjunto defensivo integrado, donde lo militar y lo religioso se articulaban para proteger a la comunidad en un territorio especialmente expuesto a los conflictos fronterizos. La torre, de planta rectangular y tres cuerpos macizos, conserva elementos arquitectónicos de gran interés, como el matacán situado en la fachada oeste, apoyado sobre dos modillones de rollos, desde el que se vigilaban y defendían los accesos procedentes de Álava, principal foco de amenazas castellanas en el siglo XV. Originalmente, la torre estaba rodeada por una muralla de sillarejo con cuatro torreoncillos cilíndricos, de los que aún se conservan algunos restos. En uno de los lienzos de esta muralla se mantiene una puerta adintelada con el blasón de los Baquedano, fechado en 1539, prueba de la continuidad y el arraigo de este linaje en la zona. La fortaleza perteneció a la familia de los Baquedano, una de las estirpes más influyentes de Améscoa, encargada históricamente de la organización militar del valle y de la vigilancia de los pasos naturales entre Urbasa y la Llanada Alavesa. Durante los siglos XIV y XV, el valle de Améscoa fue una zona fronteriza especialmente sensible, lo que propició la construcción de una red de torres, palacios fortificados e iglesias defensivas como las de San Martín, Gollano, Ecala y Eulate. La torre estuvo en uso activo durante los conflictos bajomedievales. En 1430 se documenta que Beltrán de Baquedano defendía la fortaleza con una guarnición de ballesteros y en 1494 se ordenó reforzar las defensas del valle ante el riesgo de incursiones castellanas. Tras la conquista de Navarra en 1512, Juan Ramírez de Baquedano, señor de San Martín, destacó como uno de los principales defensores del reino, llegando a ejercer como alcaide del castillo de Estella, donde su resistencia fue reconocida incluso por las tropas vencedoras.