Ruinas del Acueducto Romano o Puente de los Moros

Ruinas del Acueducto Romano o Puente de los Moros

Una de las grandes obras de ingeniería romana del Valle del Ebro que aún desafía al tiempo.
Cuándo visitar: Las ruinas del acueducto pueden visitarse durante todo el año. La primavera y el otoño son especialmente recomendables, ya que el entorno del río Ebro y los caminos de ribera ofrecen condiciones ideales para el paseo y la contemplación del monumento en un paisaje especialmente atractivo. Las ruinas del acueducto romano de Lodosa, conocido popularmente como Puente de los Moros, constituyen uno de los testimonios más impresionantes de la ingeniería civil romana en el Valle del Ebro. Construido entre finales del siglo I y comienzos del II d.C., formaba parte de una gran infraestructura hidráulica que transportaba agua a lo largo de unos 30 kilómetros por el valle del Ebro. El acueducto conducía el agua desde la zona de Lazagurría y la confluencia de los ríos Linares y Odrón hasta las tierras bajas de la antigua ciudad romana de Calagurris, la actual Calahorra, aunque algunos estudios señalan que pudo tener también usos agrícolas, de regadío o incluso como vía de paso. La obra original fue monumental: llegó a contar con 108 arcos que salvaban el paso del río Ebro, con arcadas de 4,8 metros de luz, pilares de 1,10 metros de ancho y una anchura total de 1,5 metros. En algunos puntos alcanzaba los 15 metros de altura, una escala que todavía hoy permite imaginar la grandiosidad de esta infraestructura romana. Los restos conservados revelan la solidez de su fábrica y la precisión técnica con la que fue construida en sillarejo y mortero de cal. A lo largo de los siglos, las crecidas del río Ebro, la acción del tiempo y el expolio de materiales provocaron la desaparición de gran parte de la estructura. Sin embargo, los 13 arcos conservados siguen ofreciendo una imagen poderosa de lo que fue una de las obras hidráulicas más ambiciosas de la Hispania romana. Declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1970, este lugar es actualmente un punto imprescindible para comprender la importancia histórica de Lodosa y su relación con el Ebro. El recorrido por el GR-99, Camino Natural del Ebro, permite llegar hasta las ruinas a través de un agradable paseo junto al río, convirtiendo la visita en una experiencia que une patrimonio, naturaleza e historia.