Arguiñano

Arguiñano

Una villa entre barrancos, montañas y patrimonio rural con mucho carácter.
Arguiñano es uno de esos pueblos pequeños que sorprenden desde la primera mirada. Situado en el valle de Guesálaz, en las faldas de la sierra de Andía y muy cerca de los paisajes de Urbasa, ofrece una combinación perfecta de patrimonio, naturaleza y calma. El casco urbano, conserva un notable conjunto de casas de piedra de los siglos XVI y XVII, muchas de estas blasonadas, que hablan de un pasado relacionado al trabajo agrícola y a la organización comunal del valle. Dominando el pueblo desde un pequeño alto se alza la iglesia de San Martín, de origen medieval, que se ha convertido en uno de los símbolos de Arguiñano y en un excelente mirador sobre el entorno. El pueblo invita a detenerse en la fuente y el antiguo abrevadero y a disfrutar de una arquitectura sencilla pero llena de carácter. A las afueras, la ermita de la Virgen del Camino completa este recorrido patrimonial íntimo y cercano. Pero si algo define a Arguiñano es su entorno natural. Desde el propio núcleo parten algunas de las rutas senderistas más espectaculares de Tierra Estella. El Barranco de Obantzea, un cañón cubierto de vegetación, cascadas y rincones frescos, es uno de los grandes atractivos para los amantes de la naturaleza, la fotografía y el senderismo. También desde aquí se inicia la ascensión al monte Elimendi, una cumbre muy reconocible en el valle de Guesálaz, que regala amplias vistas sobre el paisaje que rodea el pueblo. A lo largo del año, Arguiñano mantiene viva su identidad a través de la vida vecinal y de sus fiestas patronales, que se celebran en otoño en honor a la Virgen del Rosario y reúnen a vecinos y visitantes en un ambiente cercano y familiar. El auzolan, el cuidado del patrimonio y el apego al entorno siguen formando parte de la vida diaria del concejo.