Cabredo

Cabredo

Un pueblo de tradición agrícola entre embalses, montaña y patrimonio barroco.
Cabredo es una villa de fuerte personalidad histórica situada en la Sierra de Codés, donde patrimonio artístico, paisaje protegido y tradiciones populares se entrelazan de forma natural. El pueblo se organiza de manera longitudinal a lo largo de las calles Mayor y San Simeón, un trazado que conserva casas blasonadas de los siglos XVI y XVII y que conduce al principal hito monumental de la localidad: la iglesia de Santiago el Mayor. La historia de Cabredo está estrechamente vinculada a la escultura en piedra. La villa fue sede de un importante taller escultórico activo entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, encabezado por Pedro González de San Pedro, discípulo de Juan de Anchieta, que alcanzó su máximo esplendor en torno al año 1600. Este pasado artístico convirtió a Cabredo en un referente comarcal durante la transición del Renacimiento al Barroco. Aún se conserva el antiguo taller de escultura, una construcción del siglo XVI con arco de medio punto y escudo de piedra con las armas de Antoñana en su fachada, además de iglesias, casas blasonadas y edificios civiles de sillería que reflejan ese momento de prosperidad. Completan el patrimonio local la fuente y el lavadero, elementos esenciales en la vida cotidiana tradicional, vinculados al abastecimiento de agua y a los espacios de relación comunitaria. Dentro de su término se encuentra la Reserva Natural de Peñalabeja, uno de los mejores ejemplos de bosque maduro de roble marojo de Navarra, y el embalse de la Sota, un espacio de gran interés para el senderismo y la observación de aves. Desde el propio casco urbano parten recorridos a pie o en bicicleta que permiten descubrir este paisaje de transición entre campos de cultivo, masas forestales y relieves suaves. La vida cultural y festiva de Cabredo se articula en torno a sus devociones, leyendas y celebraciones tradicionales. Las fiestas patronales en honor a Santiago el Mayor y las romerías a las ermitas del término, como San Simeón Labrador o Nuestra Señora de la Natividad (El Carrascal) mantienen viva una tradición comunitaria muy arraigada.