Viguria

Viguria

Una pequeña villa de linajes nobles junto al río Salado.
Al pie de la Sierra de Andía y junto al curso del río Salado, Viguria aparece como uno de los pueblos más discretos y cargados de historia del valle de Guesálaz. Su reducido tamaño actual contrasta con la relevancia que tuvo durante siglos, todavía visible en sus edificios y en la memoria de un territorio marcado por linajes nobles y antiguos caminos. El núcleo urbano conserva una imagen serena, donde se repiten elementos propios de la arquitectura rural del valle: fachadas encaladas, rejerías, arcos de dovelas resaltadas y construcciones de los siglos XVIII y XIX que hablan de un pasado estrechamente ligado a la tierra y a la vida comunitaria. Entre sus elementos más destacados sobresalen las ruinas del palacio del marqués de Montehermoso, conocido también como Jauregizarra, uno de los ejemplos más relevantes de palacio de cabo de armería del valle. A este patrimonio se suma la iglesia parroquial de Santa María, de origen medieval, que conserva elementos románicos, góticos y barrocos, además de un interesante retablo rococó y un crucero renacentista que conecta arte, devoción y heráldica local. El río Salado acompaña el paisaje de Viguria y refuerza el carácter pausado del entorno. Campos de cultivo, pequeños montes poblados de robles y caminos locales invitan a recorrer el territorio sin prisa y a comprender la relación histórica entre el pueblo y el valle. Las fiestas en honor a la Virgen del Rosario, celebradas a comienzos de octubre, son uno de los momentos en que Viguria recupera especialmente su pulso social, reuniendo a vecinos y a quienes mantienen vivo el vínculo con este enclave singular de la Navarra histórica.