Iglesia de Santa María de Eguiarte

Iglesia de Santa María de Eguiarte

Una iglesia románica excepcional cuyo atrio, escultura y simbolismo la convierten en uno de los espacios más enigmáticos de la Tierra Estella.
Cuándo visitar: La iglesia puede visitarse durante todo el año. La visita resulta especialmente sugerente para quienes recorren el Valle de Yerri con calma, disfrutando de su patrimonio medieval, su paisaje agrícola y la tranquilidad de un enclave aislado de los núcleos urbanos. Las primeras noticias documentales que se conservan de la iglesia de Santa María de Eguiarte se remontan al 1 de mayo de 1101, cuando un monje de Lácar, llamado Ortí, realizó una donación a Santa María de Eguiarte, entonces denominada Eguiardo. La iglesia responde a un románico avanzado de finales del siglo XII y comienzos del XIII. Es una construcción de tamaño modesto y de articulación sencilla, constituida por tres arquivoltas de medio punto con anchos baquetones y guardapolvos de escocia. De la primitiva fábrica románica se conservan principalmente la portada sur, algunos lienzos de muro y elementos escultóricos de gran valor. La portada, realizada en la segunda mitad del siglo XII, constituye uno de los conjuntos escultóricos más destacados del románico rural navarro. En el interior destaca el retablo mayor barroco, ricamente dorado, así como la imagen de la Virgen de Eguiarte, también conocida como la Virgen de la Leche, una talla de especial relevancia devocional por su cuidada iconografía. Junto a estos elementos, se conservan restos medievales como capiteles reutilizados y una pila bautismal románica de taza lisa. El mayor interés se concentra en los capiteles y relieves de las jambas interiores. El izquierdo alterna escenas de la infancia de Cristo, como la Anunciación o la Adoración de los Magos, con símbolos como el Agnus Dei, junto a motivos geométricos y representaciones fantásticas. En contraste, el derecho incorpora figuras de carácter más simbólico, como arpías, dragones, un centauro sagitario y un crismón. Diversos autores han señalado la estrecha relación estilística e iconográfica de estas esculturas con los talleres de San Miguel de Estella-Lizarra y el segundo taller de Irache, así como la influencia del románico silense. Estas conexiones se aprecian especialmente en las escenas del ciclo de la Natividad y en motivos decorativos como la llamada flor de aro o Arum italicum, presente en los ábacos de los capiteles. Uno de los elementos más singulares del conjunto es su gran atrio porticado, construido en el siglo XVII, que protege la portada románica y cubre el antiguo cementerio del lugar. Este espacio, sustentado por pilastras y vigas de madera, actúa como un umbral simbólico entre el paisaje y el templo, y refuerza la atmósfera de recogimiento y misterio que caracteriza a Santa María de Eguiarte. En el atrio como en la portada se concentran numerosos símbolos de lectura abierta, como el crismón trinitario, motivos geométricos y posibles referencias astronómicas, que han alimentado la interpretación simbólica y el carácter arcano del enclave. Durante los siglos XVII y XVIII, la iglesia fue profundamente transformada. En este período se amplió el edificio con un crucero de brazos rectos, cabecera recta y sacristía, y se reformó el interior siguiendo los gustos barrocos de la época. Estas intervenciones otorgaron al templo una mayor monumentalidad y explican la convivencia actual entre la sobriedad románica y la riqueza decorativa barroca. En el siglo XVII, Santa María de Eguiarte llegó a tener consideración de basílica, lo que se refleja en la calidad constructiva y ornamental de sus reformas.