Murallas de la Judería y de San Miguel

Murallas de la Judería y de San Miguel

Un sistema defensivo que protegió y articuló la Estella-Lizarra medieval entre castillos y el río Ega.
Cuándo visitar: Las murallas se pueden recorrer durante todo el año. Especialmente recomendable en primavera y otoño, cuando la vegetación y la luz permiten comprender mejor la relación entre murallas, castillos, barrio judío y paisaje natural. Las murallas de la judería y del burgo de San Miguel formaban parte del sistema defensivo general de Estella-Lizarra, una ciudad estratégica que sufrió diversos asedios entre los siglos XIII y XV. Aunque gran parte de estas defensas desaparecieron, aún se conservan vestigios que permiten imaginar la antigua fortificación y comprender la importancia de estos muros en la protección de los barrios y de los accesos a la ciudad. Hoy es posible recorrer el trazado de la antigua judería de Estella-Lizarra y sus murallas. El recorrido puede comenzar en la OIT Estella-Lizarra (Oficina de Información Turística), donde se conserva una maqueta de la ciudad medieval que ayuda a situar visualmente las murallas de la judería y de San Miguel en el conjunto urbano. Desde allí se accede a la Plaza de San Martín, núcleo del primer burgo del mismo nombre y uno de los espacios más antiguos de Estella-Lizarra. El paseo continúa por la Calle de La Rúa, antigua calle comercial y eje histórico del barrio judío. Este tramo formaba parte del interior de la judería y del Camino de Santiago. Al final de la Rúa, continúa hacia la calle Curtidores, uno de los límites históricos del barrio. Este es el entorno donde la judería se encontraba protegida por muralla. Siguiendo por Curtidores se llega a la Iglesia del Santo Sepulcro. Este punto es clave pues aquí comenzaba el ámbito defensivo de la Judería Nueva y la iglesia se levanta muy cerca del trazado de la muralla que cerraba el barrio por este sector. Desde el Santo Sepulcro, se asciende por la calle de la iglesia de Santa María Jus del Castillo. En este tramo se conservan restos visibles de muralla y una de sus nueve puertas, integrados en el paisaje urbano y en los muros de contención del terreno. Estos tramos de muralla medieval formaban parte del sistema defensivo conjunto de la Judería Nueva y del castillo Mayor de Estella-Lizarra y el de Zalatambor, al que se le sumaban la Atalaya y el castillo de Belmecher. Este es uno de los mejores puntos para ver la muralla y entender su función defensiva. Se continúa hacia el Convento de Santo Domingo, aquí se conservan restos de muralla y estructuras defensivas relacionadas tanto con la judería como con el sistema de castillos. Desde este punto parte un camino bien señalizado que asciende hacia la Cruz de los Castillos, en referencia a la cruz que corona la peña. Aunque no es calle urbana, es un tramo muy recomendable porque permite seguir el trazado de las antiguas murallas, conecta visualmente la judería nueva con los castillos y ofrece vistas privilegiadas sobre Estella-Lizarra y el valle del Ega. Aquí se conservan restos defensivos, como una torre con aspilleras y tramos de muralla, así como una bodega, que evidencian su integración en el gran sistema fortificado de Estella-Lizarra. Ampliando el paseo se puede visitar también el castillo de Belmecher, también señalizado y con paneles informativos. Al descender hacia la ciudad se cruza el Puente de la Cárcel, que conecta la zona de la judería con otro burgo, el de San Miguel. En las calles altas de este barrio, próximas a la Iglesia de San Miguel Arcángel, se conservan vestigios de la muralla (PI Mercado Viejo – Calle Lizarra), integrada hoy en muros, desniveles y límites urbanos. La conservación de estos tramos convierte a Estella-Lizarra en un caso excepcional entre las villas medievales navarras, donde la mayoría de los sistemas defensivos han desaparecido. Aquí, las murallas no son solo vestigios: son un relato visible que permite comprender cómo se organizaba, se protegía y se vivía la ciudad hace siglos.