Palacio de los Eguía

Palacio de los Eguía

Un palacio renacentista que revela el poder de los linajes que moldearon la historia política y económica de Estella-Lizarra.
Cuándo visitar: El edificio puede apreciarse durante todo el año desde el espacio urbano del casco histórico. Actualmente en su interior funciona la Biblioteca Pública José María Lacarra. El Palacio de los Eguía fue la residencia de este linaje en la villa navarra de Estella-Lizarra. La familia se estableció en la ciudad durante el siglo XV, tras su unión con los Echávarri, una influyente estirpe local vinculada al comercio y a la burguesía. Los Eguía participaron activamente en la vida política local durante un período marcado por los conflictos entre agramonteses y beaumonteses. El palacio fue levantado hacia 1538 sobre una estructura anterior del siglo XV por iniciativa de Nicolás de Eguía, nieto de Nicolás Martínez de Eguía, perteneciente junto a su familia al bando beaumontés. Su arquitectura responde al modelo de palacio urbano renacentista: planta organizada en torno a un patio rectangular interior y una fachada que combina elementos defensivos heredados del medievo con un lenguaje ornamental propio del nuevo gusto humanista. El escudo familiar que preside el nivel noble constituye una declaración visual de estatus y pertenencia. Durante los siglos XVI y XVII, los Eguía desempeñaron funciones administrativas, económicas y diplomáticas al servicio de la Corona, llegando a controlar buena parte de la política municipal y del comercio en la merindad. La casa fue también lugar de nacimiento de Miguel de Eguía y Jasso (1495-1548), impresor formado en Alcalá de Henares, que en 1545 fundó la primera imprenta conocida en Estella-Lizarra. Actualmente, el edificio es sede de la Biblioteca Pública y lleva el nombre del historiador navarro José María Lacarra, en reconocimiento a su contribución al estudio de la historia medieval de Navarra. Así, este palacio cumple hoy una función extraordinaria: acercar el conocimiento a la ciudadanía como espacio comunitario que fomenta la educación permanente y la cohesión social. Un lugar donde los libros, herederos directos de aquella primera imprenta, siguen siendo vehículo de cultura, aprendizaje y acceso universal a la información.