Palacio Cabo de Armería de Acedo

Palacio Cabo de Armería de Acedo

Un palacio nobiliario del siglo XVI que conserva la memoria del linaje Acedo y la arquitectura señorial de Tierra Estella.
Cuándo visitar: El palacio puede contemplarse durante todo el año desde el exterior. Actualmente, el inmueble sigue siendo de titularidad privada y residencial. El Palacio Cabo de Armería de Acedo tiene su origen a comienzos del siglo XVI como casa solar del linaje de los Acedo, una familia con arraigo en la zona y reconocimiento dentro de la nobleza del antiguo Reino de Navarra. En 1550 el edificio ya era una reconocida casa señorial. En esta se documenta la estancia del virrey, duque de Medinaceli, lo que evidencia su importancia estratégica y su adecuación como residencia de alto rango. Su condición de palacio de cabo de armería, queda reflejada en la relación remitida en 1723 por la Cámara de Comptos a la Corona, donde figura como uno de los palacios oficialmente reconocidos. A lo largo del siglo XVIII, el palacio estuvo vinculado a figuras como Diego José de Acedo y Alaiza, quien aparece como señor del palacio hacia 1720-1723, coincidiendo con su inclusión en los registros oficiales del reino. Le sucedieron Diego Francisco de Acedo y Mirafuentes, activo en diversos pleitos entre 1726 y 1761 para defender las exenciones fiscales propias de los palacios de cabo de armería, y José Manuel de Acedo, documentado en 1757 en procesos similares. También figura Diego de Acedo y Mirafuentes, vecino de Los Arcos, como titular del inmueble en 1765. La relevancia del linaje se extiende más allá del ámbito civil. En este palacio nació Frey Pedro de Acedo y Mirafuentes, quien alcanzó altas responsabilidades como Gran Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén en Navarra, lo que refuerza el papel del edificio como núcleo de formación y proyección de élites del reino. Desde el punto de vista arquitectónico, el palacio invita a una lectura pausada de sus detalles. Su sólida base de piedra de sillería se eleva en dos cuerpos principales, coronados por un ático de ladrillo que refleja su evolución a lo largo del tiempo. En la planta baja, el gran portalón de medio punto tiene un escudo heráldico en su clave que revela la identidad del linaje. En el nivel superior, un elegante balcón corrido con rejería del siglo XVII aporta ritmo a la fachada, mientras que el ático, con su sucesión de pequeños arquillos y alero de madera tallada, añade un carácter más ligero y ornamental. En uno de los laterales, los discretos arquillos conopiales evocan la huella de estilos anteriores, enriqueciendo la experiencia visual de quien se detiene a observarlo.