Palacio del Marqués de Montehermoso

Palacio del Marqués de Montehermoso

Gran palacio nobiliario que fue cuna de los primeros reyes navarros.
Cuándo visitar: La visita exterior puede hacerse durante todo el año. Se trata de una propiedad privada cuyo interior no es visitable ya que presenta zonas con riesgo de derrumbe. El Palacio de Viguria, también conocido como Palacio del Marqués de Montehermoso, es reconocido como residencia nobiliaria y símbolo del linaje. Llamado también Jauregizarra, consta como cabo de armería en la nómina oficial del reino. Viguria fue durante siglos un lugar de notable importancia simbólica dentro de Navarra. La tradición histórica lo identifica como el solar del linaje de Íñigo Arista, primer rey de Pamplona, una vinculación que convirtió al pueblo en referente del origen del reino y explica su relevancia política y social, pese a su reducido tamaño. El palacio perteneció a la familia Viguria, cuyos miembros obtuvieron importantes privilegios para la casa, entre estos, la exención de cuarteles concedida en 1601 a Sancho de Viguria. Años después, alrededor del año 1761 el palacio pasó a manos de los marqueses de Montehermoso. La fachada, organizada en dos cuerpos y ático y flanqueada por torres cúbicas de mayor altura, presenta una composición horizontal y sobria, de influencia herreriana. Su decoración es contenida y se concentra en los vanos, enmarcados con sencillas orejetas. En el centro se abre un portal adintelado, ligeramente desviado del eje, con clave decorada con motivos vegetales y pilastras cajeadas. En lugar de capiteles, estas incorporan escudos con cartelas de cueros retorcidos y yelmo superior. Sobre la entrada se sitúa un balcón, también adintelado, con forja original, en línea con el resto de los vanos del edificio. Coronando este conjunto se encuentra un escudo heráldico de gran riqueza, apoyado sobre la Cruz de Santiago y decorado con follajes, animales enfrentados y corona abierta. En su campo aparecen distintos motivos: estrellas, leones, castillos y bandas junto a la inscripción Cisneros, que remite al linaje vinculado al edificio. El conjunto se remata con un doble alero de madera sostenido por ménsulas talladas, que refuerzan su carácter señorial. En la parte posterior se conserva otra portada adintelada con escudo, datada en el siglo XVI, que completa el interés arquitectónico del edificio. A lo largo del tiempo, el palacio pasó por distintos linajes y vivió épocas de esplendor vinculadas a figuras destacadas de la nobleza navarra y castellana. Sin embargo, el abandono progresivo y la falta de conservación han llevado al edificio a su estado actual de ruina.