Iglesia de San Pedro de la Rúa

Iglesia de San Pedro de la Rúa

La Iglesia Mayor de Estella y uno de los claustros románicos más sorprendentes de Navarra.
Cuándo visitar: San Pedro de la Rúa recibe visitantes durante todo el año. La primavera y el otoño ofrecen la luz perfecta para disfrutar de su claustro y de las vistas desde la ladera. En verano, su interior se convierte en un refugio fresco lleno de historia. En invierno, el templo ofrece un ambiente íntimo que realza aún más la atmósfera románica. San Pedro de la Rúa ostenta el título de Iglesia Mayor de Estella desde 1256. Nació en el corazón del antiguo burgo francés que lleva su nombre. Su ubicación no es casual, domina la ciudad desde lo alto de una ladera estratégica, alineada con el Camino de Santiago, junto al Palacio de los Reyes de Navarra y bajo la sombra protectora del Sitio Histórico Zona de los Castillos. Se accede a la iglesia por una escalinata construida en la segunda mitad el siglo XX. Su ubicación elevada y la esbelta torre con una gran ventana gótica en la base le dan un marcado efecto ascensional que realza su presencia. Pero la verdadera estrella se esconde en su interior: un claustro funerario de planta cuadrada del siglo XII, del que aún se conservan dos de las cuatro alas originales. Su pérdida parcial no fue intencionada: en 1572, durante las operaciones de las tropas castellanas tras la Conquista de Navarra, se ordenó derribar el cercano castillo de Zalatambor, que estaba en la peña sobre la iglesia. Al venirse abajo parte del castillo, su desplome dañó el claustro y provocó la desaparición de dos de sus galerías. Sus famosas cuatro columnas torsadas entrelazadas, muy similares a las de la Catedral de El Burgo de Osma y a las del Monasterio de Santo Domingo de Silos son uno de los detalles más admirados del románico peninsular. A lo largo de los siglos, este templo ha sido lugar de culto, enterramiento y escenario de momentos claves de la historia navarra. En 1931 fue declarado Bien de Interés Cultural y al día de hoy, sigue siendo uno de los iconos indiscutibles de Estella-Lizarra y una visita imprescindible para comprender su alma medieval.