Monasterio de Santa Clara

Monasterio de Santa Clara

Un refugio de paz barroca donde siglos de historia, devoción y arquitectura se unen en el corazón de Los Llanos.
Cuándo visitar: El monasterio no ofrece visita libre y permanece cerrado la mayor parte del año. La mejor oportunidad para conocer su iglesia es durante la Semana de Música Antigua de Estella-Lizarra en septiembre, cuando acoge conciertos que permiten admirar su acústica y su retablo barroco. Se cree que el Real Monasterio de Santa Clara se fundó en 1255 (siglo XIII), cuando, según la tradición, la influencia de Isabel, hija del rey San Luis de Francia y esposa de Teobaldo II de Navarra, propició la creación de un convento para la recién llegada orden de Las Clarisas. Se levantó sobre antiguos viñedos del rey Sancho el Sabio, a extramuros del burgo medieval y actual Parque Los Llanos. A lo largo de su historia, el monasterio vivió varias reconstrucciones impulsadas tanto por familias nobles como por los propios Reyes de Navarra. Don Bernardo Montañer, noble estellés, aparece como posible fundador o gran benefactor que en 1274 encargó importantes obras en el monasterio. Su nieta, Doña Francisca Montañer, continuó el apoyo familiar, fundó tres capellanías y ordenó construir una casa anexa al convento. En 1430, la reina Blanca I de Navarra mandó erigir un majestuoso palacio junto al convento, gesto que consolidó su título de Real Monasterio. Más de dos siglos después, entre 1635 y 1654, el ingreso de infantas navarras y los constantes donativos permitieron su renovación completa por el maestro Juan de Larrañaga, quien le dio su aspecto barroco actual utilizando exclusivamente ladrillo. La iglesia, también obra de Larrañaga, es un ejemplo del barroco navarro: planta de cruz latina, cúpula sobre pechinas y una iluminación que realza el retablo mayor de Juan Barón de Guerendiaín realizado en 1679. Este retablo, junto con los colaterales dedicados a la Santísima Trinidad y a la Inmaculada, muestra la devoción franciscana en toda su fuerza, con columnas salomónicas y un estilo pre-churrigueresco de gran expresividad. En su centro destaca un delicado tabernáculo que hoy alberga la talla de San Juanito. Las pinturas del techo, realizadas a comienzos del siglo XX, narran episodios de la vida de Santa Clara y conservan el lema franciscano Potuit, decuit, ergo fecit (Pudo, quiso, lo hizo), síntesis de la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción. Tras siglos de vida contemplativa, el monasterio fue abandonado parcialmente en el siglo XX, lo que llevó a importantes trabajos de restauración tanto del edificio como del retablo. Hoy, aunque silencioso, sigue siendo uno de los lugares espirituales y artísticos más valiosos del patrimonio estellés.